sábado, marzo 08, 2008 8:50 AM
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El nuevo libro de Jon Savage, autor del mejor libro sobre el punk hasta la fecha, England’s Dreaming, comienza a principios de 1870 (con la historia de los adolescentes Marie Bashkirtseff, una soñadora niña de 16 años cuyo diario personal, donde relata sus esperanzas y miedos, ganó fama tras su prematura muerte, y Jesse Pomeroy quién cobra notoriedad a sus 15 años tras matar y mutilar a otros adolescentes) y se termina en 1945, cuando se establece definitivamente, tras varios falsos comienzos, un mercado juvenil.
Los New York’s Bowery Boys, los Dead Rabbits, los pequeños gangs de Khaki-Whacky, la cultura jazz y underground de los Romantic Zazous en Francia, la juventud “institucional” (YMCA, YWCA, Boy Scouts, Salvation Army) son algunos de los numerosos grupos y bandas adolescentes organizadas y semi-organizadas retratadas por Savage. Una parte importante del texto concierne al acercamiento de los jóvenes a movimientos fascistas o militaristas, empezando con el culto al “Niño Inglés de Escuela Pública” cuyo atleticismo fue un modelo para la conducta imperial y terminando con la inducción en masa de adolescentes alemanes a las Juventudes Hitlerianas (ocho millones al finalizar la guerra, todos alrededor de los 15 años de edad). La conquista del poder por parte de Mussolini tuvo gran apoyo y fue suplicada por una juventud resentida que fue empujada por sus abuelos al holocausto generacional de la guerra. El espíritu de los mitines, con los adolescentes uniformados con camisetas negras y gritando “Giovinezza! Giovinezza! (Juventud! Juventud)” se volvió una parte central de la movilización nazi de los 30’.
De todas las terribles armas desarrolladas durante la segunda guerra mundial, la juventud fue por lejos la más poderosa. Como la bomba atómica, el adolescente fue una invención de América. La Guerra Fría podría haber sido muy diferente si, en lugar de en Los Alamos, los espías soviéticos se hubieran fijado en la revista Seventeen. Localizada en pleno boom americano, en los albores de la victoria global de 1944, el mismo año que la palabra “adolescente” fue acuñada, Seventeen estaba dirigida a los reyes del consumo del mañana. El adolescente fue quizás el primer sujeto creado casi enteramente por el marketing.
Savage: “La adolescencia es sexy y vital (es un híbrido de jóven y adulto, literalmente está suspendido entre esas dos etapas). Luego la gente se vuelve vieja y (aquí entra el discurso mainstream) ya no es más sexy ni vital. Así que, ¿cómo la prolongamos? Con cremas anti-edad y cirugías, por supuesto, aunque paradójicamente morir joven es la mejor forma de retener tu juventud”. “No presumiría de que la cultura adolescente muere con el punk. De ninguna manera. Los jóvenes de hoy perciben el mundo de una forma muy distinta a la mía. Ellos están en casa, con cosas que quizás serían problemáticas para mi o no las tendría en cuenta. Por ejemplo, considerar bajar música a sus celulares con ecuanimidad”
El libro deja algo muy claro: las dos guerras mundiales dejan exhaustos los ideales europeos de juventud. El hedonista, frívolo y solipsista adolescente del Nuevo Orden Mundial, despreocupado por la ideología fue el antídoto perfecto para el ocaso de las nociones de juventud del Viejo Mundo (romántico, patriótico, socialista, fascista). Y así es como fue la vital vulgaridad de América la que salvó a Europa de su asesina seriedad.
jon savage, teenage. the creation of a youth culture 1875-1945, 2007
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